El amor en los tiempos del coronavirus

Estamos en tiempos de transformación profunda. El mundo, tal como lo conocíamos, está cambiando. El mundo exterior, y nuestro propio mundo interior. Aquello que muchos de nosotros dábamos por sentado, parece estar en riesgo. Lo más básico, lo que representa nuestra supervivencia: la salud de nuestro cuerpo físico, nuestra seguridad cotidiana, la posibilidad de comprar comida, de ganar dinero, de tener un ingreso. El poder movernos libremente, ver a nuestros seres queridos, abrazarlos, demostrar el afecto. Todo lo que Maslow llamó “necesidades básicas” está siendo amenazado ahora.

Esto dispara emociones de miedo, de tristeza, hay mucha incertidumbre, sensación de pérdida de control, incertidumbre. Y también, se instala entre nosotros la intuición, compartida por muchos, de que algo está cambiando de raíz, y que si lo aprovechamos, podemos hacer limonada de estos amargos limones que nos han tocado.

Y si estuviéramos ante una posibilidad única de cambiar nuestra mirada, no sólo en lo individual, sino en lo colectivo? De qué deberíamos “hacernos cargo”, para que esta profunda crisis no nos destruya, sino que nos transforme cual Ave Fénix, y nos haga renacer fortalecidos?

No tengo respuestas, pero van algunas reflexiones con la intención de estimular el proceso de introspección de cada uno.

La ilusión del control, el soltar y el aceptar: una vez más, aprendemos la misma lección, el “control” no es más que una ilusión. Creemos que tenemos más capacidad de control de la que en realidad tenemos. De pronto algo pasa, una crisis, un quiebre del “piloto automático” en el que veníamos, y lo recordamos. Nos vemos obligados a soltar nuestra expectativa de cómo deberían ser las cosas, y aceptar. ¡Y cómo cuesta! Pareciera que aceptar es bajar los brazos, rendirse, resignarse. Sin embargo, al aceptar, nos sobreviene una paz interior que nos permite estar más centrados, y conectarnos con nuestra capacidad creadora. Aceptar es dejar que lo que ya es, sea. Cuando de verdad aceptamos lo que es, estamos soltando nuestro ego, siendo humildes, abrazando nuestra vulnerabilidad esencial, abriéndonos a la inspiración, y nos encontramos un pasito más cerca de la acción y la transformación radical. Estamos más cerca de “hacernos cargo” de aquello que sí depende de nosotros, que sí podemos hacer. Si nos enfocamos en esto, en lugar de poner nuestras energías en aquello que no controlamos, vamos a ganar en seguridad interior, en confianza y en efectividad.

No hay “ellos y nosotros”, somos todos Uno: esta crisis nos está mostrando que más allá de fachadas, máscaras y personajes, somos iguales. Nos importan las mismas cosas, somos igualmente vulnerables. Esa grieta que hemos venido construyendo como humanidad, no sólo en nuestro país, ya no explica nada de lo que está ocurriendo. No hay un país vecino que la tenga más fácil, no hay “salvadores” mágicos, estamos todos en lo mismo, y dependemos el uno del otro. Ahora de pronto recordamos que lo que hace la otra persona tiene impacto en mí. Que dependemos de aquel que nos cuida, médicos y personal de salud, tan poco reconocidos por lo general. De aquel que produce el alimento, el medicamento, de quien va a trabajar cada día para que lo tengamos disponible. No podemos sobrevivir solos. Somos una red interdependiente.

Reconectar con lo esencial: veníamos en un ritmo frenético, gente de todas las edades, aún los chicos, aún las personas mayores, cargados de actividades que “no podíamos frenar”. De pronto, frenamos. Como cuando uno se enferma, y no le queda otra que meterse en la cama, ahora no nos quedó otra que bajar el ritmo, y no sólo nosotros, sino todos, en todo el mundo. ¿Escucharon el silencio? Se hizo una pausa, un espacio, que, si bien no elegimos, podemos aprovechar. Para reconectarnos con lo esencial. Ante todo, con nosotros mismos. Con la gratitud por las pequeñas y grandes cosas que damos por hechas, cuando no están en riesgo. Con el valor del tiempo. Con lo verdaderamente importante. Con el amor.

El amor por nosotros mismos, primero que nada. Escucharnos, registrarnos, cuidarnos. Llevarnos bien. Tratarnos bien. Tenernos paciencia.

El amor por los demás, no exponiéndolos, protegiendo, ayudando, estando en contacto a pesar del distanciamiento físico, nada nos impide llamar, estar cerca, interesarnos. Ser solidarios, con aquello que sabemos hacer. Acompañar. Agradecer.

El amor por nuestro trabajo, cuidando aquello que nos alimenta el cuerpo y el alma, y nos permite pagar las cuentas, y darnos algunos gustos. Ser creativos. Flexibilizar. Reinventarnos.

El amor por lo Superior, por Dios, por el misterio, por la vida, pongan el nombre que quieran. El amor por aquello que da sentido a todo, aún lo que parece sin sentido.

 

7 comentarios en “El amor en los tiempos del coronavirus

  1. Asi es…es los que intentamos a tientas trabajar por el camino de la luz…pedimos. LLEGO !!!!…Ahora es el momento de demostrarnos y de – mostrar que el camino es POSIBLE. Gracias

  2. Así es María Luján! Y qué difícil es soltar, aceptar.. pero no imposible!!! La finitud se nos hace tangible al ver que en un minuto te cambia toda la vida. No existen poderosos o excepciones ante este enemugo invisible . Solo medidas de prevención y hacer lo que nos dicen con responsabiludad para “frenar” el avance de esta pandemia!!! Tenfamos fe en Dios, Señor y dador de vida, pidiéndolo con verdadera humildad que permita pronto, el descubrimiento y aplicación, de una vacuna para mitigar tanto dolor!!!. Gracias por tu excelente reflexión. Bssss.

  3. Gracias M Luján muy bueno, nos ayuda a reflexionar. Todos y cada uno de nosotros podemos poner nuestro granito de arena . Aceptar , sentir que todos somos uno , amarnos a nosotros y a los demás . Y por sobre todas las cosas ser concientes de ese poder Superior, que da sentido a nuestras vidas . Gracias

    1. Asi es Patricia! Lo bueno es que cuantos más seamos poniendo nuestro granito de arena, más se va a sentir el cambio!! Gracias!

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