Cómo tomar mejores decisiones en tiempos de incertidumbre

Todos sabemos en carne propia que tomar decisiones no es cosa sencilla. Por supuesto, algunas decisiones nos cuestan más que otras. Pero cada vez que decidimos, aún algo sencillo como lo que vamos a pedir en un restaurante para cenar, implica decirle que no a muchas otras opciones. Cuando decidimos, aunque no nos demos cuenta, practicamos la capacidad de frustración. No podemos estudiar dos o tres carreras a la vez, entonces elegimos una. Ni trabajar en más de una empresa, o ser emprendedor y tener la seguridad de la relación de dependencia al mismo tiempo… Frustramos algunos deseos, para concentrarnos en otros.

También, cuando decidimos, practicamos otra cosa importante: la capacidad de dejar fluir, de soltar. Porque cuando elegimos un camino, será ya imposible saber qué hubiera pasado de haber seguido por alguno de los otros que fueron descartados. No nos queda otra que apostarle todo a nuestra decisión, sin mirar atrás.

Cómo no va a ser complicado decidir? Aún más cuando tenemos pocos datos. Si fuera posible simular o ensayar antes, de la misma forma que probamos gustos de helado antes de pedir, la historia sería muy distinta. Pero cómo saber si me va a gustar tener hijos antes de haberlo experimentado? O cambiarme de sector en la empresa, si no sé lo que hacen en el otro sector? Podemos preguntar, leer, googlear, hacer listas de pros y cons, pero en el momento de la decisión, estamos solos.

Solos con nuestros miedos…

Miedo a equivocarnos, a no estar a la altura, a perdernos la oportunidad de nuestra vida por haber decidido hacer esto, o aquello… Todo esto dispara inevitablemente un millón de conversaciones internas, que van y vienen en nuestra mente, y que a menudo nos paralizan.

Pero ocurre que aún cuando no decidimos, estamos decidiendo algo. Sólo que sin hacernos cargo.

Decidir conscientemente implica hacernos cargo de nuestro protagonismo frente al contexto.

Desde el modelo mental del protagonista, sabemos que no hay decisiones 100% correctas o incorrectas, sólo podemos evaluar qué está dentro de nuestro control, qué podemos influenciar, y entender las variables del contexto, y los posibles escenarios, aceptando que en momentos de incertidumbre, lo mejor que podemos tener son estimados.

Para poder decidir, es esencial darnos el derecho a equivocarnos, y confiar en que seremos capaces de afrontar las consecuencias que nos traiga el camino elegido.

Si así lo hacemos, la mejor decisión es aquella que nos deja en paz con nosotros mismos, sea cual fuera el resultado. Por supuesto, si todo sale bien, estaremos contentos. Y si no, nos enojaremos, o nos pondremos tristes, pero aún así, estaremos en paz con la decisión tomada.

En Google, desde el 2007, saben que la manera de que sus colaboradores tomen mejores decisiones es contribuyendo a que estén conectados consigo mismos, en el momento presente, y con una mente quieta. Lo desarrollan a través del Mindfulness, y de un workshop que hoy ya tomó vida propia, y se llama “Busca en tu Interior” (en inglés lo encuentran como SIYLI…Search Inside Yourself Leadership Institute). Su creador, un ingeniero retirado de Google, Chade Meng Tan, lo presenta como un programa que funciona “aún para ingenieros” (así se llama su primer capítulo!). El secreto es muy sencillo: respirar, conectarnos con el momento presente, y con nuestra sabiduría interior…ese lugar en el que todas las decisiones están clarísimas.

Decidir desde ese espacio de conexión con nuestro ser más profundo, de eso se trata. 

Esto es lo que también hace un coach en su práctica: acompañar al coachee en este proceso de aquietar la mente, para buscar en su interior, y desde allí, tomar mejores decisiones.

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