Por qué no logro delegar más y mejor: las emociones que nos juegan en contra

“Quiero delegar en mis gerentes el manejo de las reuniones con clientes, se los dije más de una vez, pero no lo consigo”, dice Marcelo, el dueño de una empresa de consultoría en pleno crecimiento.

“Me ascendieron hace dos meses, y ahora, además de hacer casi todo el trabajo que hacía antes, soy jefa, y tengo que dedicarle tiempo al grupo, y a decirle a los demás qué hacer. Esperé mucho esta promoción, y ahora estoy agobiada”, nos cuenta Camila, que pasó a ser jefa de departamento en una empresa multinacional.

“Trabajo todo el día, y cuando llego a casa, tengo que ayudar a los chicos con las tareas, ocuparme de la cena, y del regalo de cumpleaños…siento que tengo que estar en todo”, se queja Ana, contadora y mamá de tres niños.

Esto que escuchamos a diario también nos pasa, o nos ha pasado en algún momento. Todos sabemos que el remedio al agotamiento y la sobrecarga es la delegación efectiva. Nos lo proponemos, seguimos los pasos que hemos leído en libros o en la internet, pero por alguna razón no funciona.

Lo que ocurre es que poder delegar significa cambiar patrones de comportamiento que nos llevaron al éxito, que nos funcionaron en el pasado, y que sabemos hacer muy bien.  Implica salir de nuestra “zona de confort”, para adentrarnos en un área incierta, en la que “cedemos control”, y esto inevitablemente moviliza emociones sumamente poderosas.

Por ejemplo, veamos qué ocurre en el caso de Marcelo. Si bien les pide a sus gerentes que manejen solos las reuniones con sus clientes, sigue hablando con ellos directamente cuando hay un problema, sin involucrarlos. Siente miedo de perder la relación que ha construido a lo largo de tantos años, en el que él hacía todo el trabajo comercial directamente.

El miedo es una emoción que nos dice que algo importante puede estar en riesgo. Ya sean los clientes, nuestra propia autoestima, el bienestar de nuestros hijos o el bono a fin de mes, sentimos que, si delegamos, soltamos el control, y algo puede salir mal.

Todas las emociones nos predisponen a una acción determinada. Y el miedo nos predispone a proteger lo conocido, a no arriesgarnos, a seguir haciendo lo que siempre hicimos. Lo peor, es que confundimos a aquellos a quienes les delegamos las tareas.

Delegar requiere como paso previo, desaprender viejos hábitos. Camila debe dejar de hacer lo que hacía cuando era una administrativa que trabajaba por su cuenta, porque ahora su rol ha cambiado. Si no lo logra, no hay técnica de delegación que funcione.

¿Cómo hacerlo? Primero que nada, tomando consciencia de que no elegimos la emoción que nos sobreviene, pero sí podemos elegir la forma en la que actuamos. Si somos conscientes de que nos da miedo delegar, estamos un pasito más cerca de poder hacerlo.

Segundo, conectándonos con lo que es verdaderamente importante para nosotros. Ante esta pregunta, Marcelo nos contestó que desarrollar a sus gerentes, Camila, aprender a ser una buena jefa, y Ana, disfrutar de tiempo de calidad con sus hijos al llegar a casa, sin enojarse por cualquier cosa. Teniendo siempre en cuenta la intención profunda, nos mantendremos encaminados hacia allí.

Y tercero, eligiendo muy bien a quien le delegamos. Si confiamos en nuestro equipo, si elegimos delegar en personas confiables, capacitadas y con buena actitud, podremos delegar más fácilmente.

Por último, debemos estar abiertos a que la otra persona haga las cosas a su manera, no como si fueran “clones” nuestros. Delegar efectivamente requiere abrazar la diversidad, las distintas formas de encarar y hacer las cosas, y esto, por supuesto, es un gran desafío.

Como vemos, delegar trae aparejado un cambio de imagen propia, de identidad.

No es nada raro entonces que delegar sea una de las principales oportunidades con la que nos encontramos en nuestras empresas, trabajos, y hogares. Y, a la vez, es uno de los principales procesos de desarrollo y de crecimiento de cualquier sistema.

Hablando de esto con las personas a las que delegamos podemos generar mejores acuerdos y compromisos, y vencer más rápido estas barreras emocionales que a todos se nos presentan.

¡Hasta la próxima!

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