Cocreando nuestra realidad

Muy a menudo en las organizaciones se escucha a la gente de todos los niveles hablar acerca de todo lo que no funciona, lo que debería cambiar.

En una cultura en la que todos nos sentimos directores técnicos, pero muy pocos juegan al futbol, no nos sorprende demasiado. Es más, nos llama la atención lo contrario. Lo normal es escuchar críticas, quejas, largos monólogos acerca de lo que “habría que hacer”, pero sin acciones específicas al respecto.

Según nuestra experiencia, lo peor de todo es que las quejas van haciendo más tóxico el ambiente de trabajo, incentivando nuevas quejas, en un círculo vicioso que nos afecta a todos. Empezando por los resultados, pero también la motivación, y hasta la salud de los empleados.

Desde el coaching, decimos que “cada queja es un pedido no hecho”. Les doy un ejemplo. En una organización con la que trabajamos, había una larga lista de quejas acerca del tiempo que había que esperar para que la planta de producción confirmara la disponibilidad de los distintos productos. Y sin embargo, cuando les preguntamos, nadie había hecho el pedido formal: ¿Podrían pasarnos esta información específica en un tiempo máximo de 24 hs?. Una vez hecho el pedido, la gente de la planta entendió las razones por las cuales se necesitaba esta información, y explicó a su vez porqué el plazo se extendía muchas veces, finalmente se llegó a un acuerdo: disponibilidad tentativa comunicada a las 24 hs, confirmación a las 48 hs. Si esto no se cumpliera, el paso es hacer un reclamo, pero ya sobre algo mucho más concreto.

¿Cuántas quejas que hacemos cada día, en nuestros trabajos, en nuestras casas, tienen origen en un pedido no hecho?

Lo mejor es que cuando hacemos el pedido, salimos del anonimato, y tomamos responsabilidad.

La responsabilidad que nos corresponde, por otra parte. Porque se dieron cuenta de que las organizaciones, al igual que las familias, y todo grupo humano, son sistemas abiertos? En un sistema, cada parte del mismo tiene un efecto, influye en lo que está pasando. Siempre que algo no nos gusta, pensemos cómo podemos estar contribuyendo a que eso pase.

Esto es muy poderoso, y realmente puede llevarnos a cambiar nuestra mirada.

Por ejemplo, si mi hijo adolescente no hace ninguna tarea en la casa, hay una buena parte de responsabilidad de su parte, pero también, como madre, debo preguntarme “¿cómo estoy siendo co-creadora de esto que pasa?”.

En las organizaciones, equipos de trabajo, grupos, ocurre lo mismo. Cuando la cultura de la compañía es la que no nos gusta, pensemos de qué forma estamos contribuyendo a que sea de esa forma.

A veces no es que hacemos algo en particular, sino que toleramos que las cosas sigan de la misma manera.

Entonces, la pregunta del coach es: ¿“En qué posición te ves en este partido? Querés estar en las gradas, o en el campo de juego?”

La invitación es a reconocernos como protagonistas conscientes de nuestras vidas, co-creadores de nuestra realidad.

¡Hasta la próxima!

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